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La portada más fea de la historia

blackBlack Sabbath son un grupo fantástico, pero a lo largo de su historia han tomado muchas decisiones dudosas. Curiosamente muchas de ellas tuvieron lugar durante la misma etapa, la época en que entraron a grabar “Born Again” (1983). Ronnie James Dio, que había entrado en la banda cuatro años antes sustituyendo a Ozzy Osbourne, se había marchado a iniciar su carrera en solitario. Tras una interminable noche de pintas en un pub londinense compartida con el legendario aullador Ian Gillan, Tony Ioomy y Geezer Butler (guitarrista y bajista de la banda) decidieron que lo mejor sería hacer un proyecto con el excantante de Deep Purple (primer error). Ian Gillan es (más bien era) un extraordinario vocalista, pero en esa época su médico le descubrió pólipos en sus cuerdas vocales, recomendándole descanso absoluto. El cantante, que se pasaba el día de aquella amorrado a la botella para más inri, desoyó los consejos del especialista y decidió grabar el álbum y hacer la gira de presentación. Muchos piensan que la causa de que Ian Gillan no sea, a nivel vocal, ni la sombra de lo que fue se debe al castigo al que se sometió durante la etapa en que se unió a Sabbath.

En principio el grupo quería sacar su disco con otro nombre pero (segundo error), la discográfica se empeñó en aprovechar el tirón comercial que todavía conservaba la “marca” Black Sabbath. Pero quizá el error más gordo, y a la vez el más cachondo, tiene que ver con la horrorosa portada del disco que podéis ver ilustrando el post. ¿Cómo fue posible que una portada tan asquerosamente fea, kitsch y hortera viera la luz? La historia tiene su miga:

Don Arden, mánager de Black Sabbath, había roto relaciones con su hija Sharon Osbourne cuando ésta se casó con el excantante de la banda, Ozzy Osbourne, y le “arrebató” a Arden la posibilidad de ser su mánager. Cuando Sabbath se pusieron a grabar “Born Again” a Arden se le puso entre ceja y ceja joder a su hija, con lo que empezó a contratar para las sesiones a todos los ingenieros de sonido, técnicos, y fotógrafos que trabajaban habitualmente con Ozzy. Obviamente Steve Joule, diseñador gráfico, fotógrafo, director de arte y portadista de los álbumes del cantante fue otro de los “arrebatados”. El pobre Joule se encontraba entre la espada y la pared; por un lado no quería renunciar al lucrativo contrato que le unía a Ozzy Osbourne pero, por otro, tampoco quería contrariar al irascible Arden, uno de los hombres con más poder e influencia en el negocio por aquel entonces.

¿Qué se le ocurrió entonces al bueno de Joule? Pues decidió diseñar la carpeta más horrible y grotesca que fuera capaz. Con ello mataba dos pájaros de un tiro. Por un lado se aseguraba que los Sabbath no elegirían jamás una carátula tan horrorosa, con lo que su contrato con Ozzy Osbourne no corría peligro y, por otro, mandando un diseño alejaba el peligro de que Arden le vetara en el negocio por el resto de sus días. Sin embargo lo impensable sucedió y a Don Arden y los Sabbath… les encantó la portada. Y así vio la luz una de las carátulas más feas de la historia. La gira de presentación fue un auténtico desastre, con un escenario réplica de Stonehenge que no cabía en la mayoría de los recintos en que tocaban, un enano pintado de rojo como el bebé de la portada que casi se mata durante un concierto al caer desde lo alto de uno de los enormes menhires y multitud de incidentes surrealistas. “Born Again” tuvo cierto éxito pero los críticos, y gran parte de los fans, lo despedazaron sobre todo por su crudísima producción. Hoy en día se ha convertido en una especie de “clásico de culto” en la discografía de Sabbath y ha sido reivindicado en los últimos años como un disco bastante bueno. Donde creo que sigue sin haber variado la opinión de nadie es en la portada. Si amigos, 26 años después sigue siendo tan asquerosa como entonces.

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¡Arriba las manos!

vinyl_rules_1Como ya he comentado en más de una ocasión, soy un ferviente defensor de la adquisición “legal” de música. No sólo porque permite premiar pecuniariamente al artista por su esfuerzo sino que, además, posibilita que la persona que adquiere ese disco lo disfrute más intensa y pausadamente. Sin embargo hay un aspecto de la industria musical que me hace, en cierta medida, comprender a los que con un clic se bajan la discografía de un grupo en media hora.

Hoy mismo conversaba con dos amigos que tocan en un gran grupo asturiano de hard rock que se encuentra inmerso en la grabación de su nuevo álbum. El caso es que les pregunté cuánto les costaba cada disco, una vez listo para ser emplazado en los estantes de las tiendas; es decir, con todo el diseño de carátulas, libreto, empaquetado y precintado listo. El caso es que me comentaron que la cosa se quedaba en 1,80 euros para una tirada de aproximadamente medio millar de unidades (obviamente el coste del estudio de grabación va aparte). Teniendo en cuenta que un distribuidor medio (llamémosle la Efnaf) se lleva unos 4 euros de cada unidad sólo por permitir ponerla a disposición del consumidor en sus vitrinas, mis colegas tenían pensado sacar su LP a la venta por unos 10 euros. Haciendo números podréis ver que el margen que les queda es misérrimo, más si cabe si tenemos en cuenta que, por desgracia, mis colegas no son los Eagles del 77 y no venden millones de copias.

Con esto os quiero decir que cuando el Alejandro Sanz, Miguel Ríos, o Sabina de turno saca un nuevo trabajo y os lo cobra a 21, 22 o incluso 25 euros ¡¡¡OS ESTÁ ROBANDO A MANO ARMADA!!! Esos grandes popes que se llenan la boca diciendo que la piratería arruina su carrera y bla, bla, bla os engañan vilmente. Tened en cuenta que, por puras economías de escala, a mayor tirada, más barato les resulta poner su disco en las tiendas. Quiero decir que si a mis amigos les cuesta 1,80 euros “empaquetar” cada unidad para una tanda de 500 álbumes, a Sabina le cuesta (pongamos) 0,60 euros hacer lo propio con una de 200.000. Vale que entre Sabina y el gran público que compra sus discos hay un océano de intermediarios (management, publicidad, distribución, venta…) y para mis amigos el proceso es algo más, digamos, artesanal pero… haced el cálculo ¡¡¡Hay más de 20 euros de ganancia por unidad!!!

Este post se lo quiero dedicar a los Punishers, Alto Volto, Amon Ra, Electric Buffalo, Los González, Posession, Black Horde, Kie 13 y tantos amigos míos músicos que SÍ publican discos casi por amor al arte, sin buscar sacaros los cuartos y sin contar con el amparo de organizaciones sectoriales PRIVADAS a las que el Gobierno da la potestad de legislar y cobrar impuestos y cánones lo que, en teoría, debería ser tarea exclusiva de la Administración PÚBLICA.

Y aprovecho para decir que ¡¡¡El vinilo mola!!!

Banda sonora para el volante

“Vaya bien que cantas” me dijo un concejal el otro día. “¿De qué hablará?” Pensé yo, que más que cantar, berro como una cabra. Resulta que yo había estado conduciendo un largo rato detrás del coche de dicho concejal y como siempre que voy sola… iba cantando. Y él, viendo lo bien que me lo pasaba decidió elogiarme.

Me explico. Quienes me conocen (bien) saben que hay dos cosas que hago y que son parte de mi encanto. Una de ellas es andar por la casa mientras lavo los dientes. Sí, soy así de rara. La otra es cantar a pleno pulmón cuando voy conduciendo.

Esta es una manía un poco más común, pero la verdad es que me gusta hacerlo. Casi nunca pongo CDs en la radio de mi adorado C3 porque me aburro. Me gusta cambiar de sintonía y encontrarme con canciones de las que ya no me acordaba (aunque es más frecuente que me tope con alguna que pasó hace menos de 5 minutos) o con alguna que me gusta mucho. Tengo mucha facilidad para memorizar las letras de las canciones que me gustan así que no daré ni una nota pero no me pongo a cantar si no me sé la canción de pe a pa… ¡qué demonios! Y cuando no la sé me la invento. ¡¡Con un par!!

Cantar cuando voy en coche me ayuda a no hacerles caso a todos los delincuentes viales que más que conducir, estorban.  La música me permite pensar que es más importante centrarme en la letra de la canción que en que hay un tío que lleva cinco kilómetros en el carril de la izquierda. Las letras me ayudan a recordar que la carretera no tiene por qué ser un sitio en el que todos liberamos nuestras frustraciones, la conocida Road Rage.

Me mola ver cómo, dependiendo de la canción que esté pasando en la radio uno puede ir más rápido o más despacio. El metal es sin lugar a dudas la mejor música si tienes prisa. Las músicas ochenteras en plan Holding out for a hero o algunas de Abba te hacen pasar un buen rato. Pero sin lugar a duda, el rock es el mejor para conducir: Meatloaf, Metallica, Aerosmith, The Eagles … Te relajan, pero no te distraen. Te recuerdan cosas que te han pasado pero no te dejan apartar los ojos de la carretera. Y luego está ese gran clásico de las road songs: Life is a Highway, de Tom Cochrane. No será una gran música, ¿pero a que nos hace pensar en conducir sin destino?

Pero es inevitable, no puedo dejar de pensar que si más gente escuchase música en el coche en vez de a Jimenez Losantos, habría menos accidentes de tráfico.