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The greatest living englishman

martinAprovecho esta entrada para reivindicar la figura de uno de esos ilustres secundarios (incluso llamarle secundario sería pasarse) del pop inglés al que he tenido la suerte de descubrir hace poco. Martin Newell, “el bardo de Wivenhoe” , es una figura oscura en lo que a su calado comercial se refiere (de ahí lo de secundario). Es obvio que cuando las revistas musicales no hacen los deberes y tienen que recurrir a la típica “lista de los mejores letristas y compositores pop británicos” para llenar espacio, el entrañable Newell difícilmente estará ahí. Y no porque no lo merezca.

¡Qué especial es este hombre! Poeta vocacional muy celebrado y con varias obras publicadas, Newell es un letrista excepcional, un artesano pop con una tremenda capacidad para contar historias de marcada temática británica (no puedo evitar pensar en Dickens al escribir estas líneas) con esa ironía, flema y desapego socarrón que tienen los hijos de la pérfida Albión.

Lo cierto es que, a nivel popular, este hombre no juega en la liga de Ray Davies, Lennon y Macca, Rod Argent o Andy Partridge pero sus discos tienen una calidad innegable y, en un mundo perfecto, bien hubieran podido ganar mucha más notoriedad. En realidad, gran parte de la culpa de su escaso reconocimiento comercial la tiene el propio Newell. Empezó su carrera en una oscura banda glammy llamada Plod ( “eramos la respuesta a The Sweet… en caso de que The Sweet fuesen una pregunta” ) que se separó poco después de firmar un contrato discográfico para publicar su primer disco.

De esta aventura apenas se conservan unas cuantas demos y singles (como las recogidas en el recopilatorio Velvet Tinmine). Más tarde estuvo a punto de unirse a un grupo (London SS) de proto-punk con el futuro Clash Mick Jones, entre otros, pero optó por tomar las de Villadiego y formar un combo llamado Gypp que no llegó a ninguna parte tras publicar un EP que apenas tuvo repercusión. Tras pasar varios años apartado del mundillo, dedicándose a mil y un curros alimenticios y escribiendo poesía, a principios de los ochenta comenzó a moverse de nuevo, montando grupos de corta vida y sacando sus primeros singles en solitario.

Mientras trabajaba como friegaplatos decidió formar los Cleaners from Venus, banda que tuvo algo más de éxito. Pese a todo, para darnos cuenta de la dimensión del anarquismo comercial de este hombre, hay que decir que las primeras entregas del combo fueron distribuídas por correo exclusivamente en formato cinta y no fue hasta 1985 en que publicaron su primer album (Under Wartime Conditions) stricto sensu.

greatestYa en los 90 montó Brotherhood of Lizards, una especie de continuación de los Cleaners, que tampoco llegó (comercialmente again) a ninguna parte. Asqueado del negocio, volvió a encerrarse en su concha para trabajar de jardinero (si, es cierto), pasear en bici por Wivenhoe, escribir y colaborar como columnista en The Independent. Fue en esta época, concretamente en 1993, cuando el gran Andy Partridge (XTC) le produjo a un Newell que ya rondaba entonces los 40 añitos su disco de “retorno” (¿puede volver alguien que realmente nunca ha llegado a estar?) “The greatest living englishman”. Este es el trabajo con el que yo le descubrí gracias a la labor evangelizadora de Eric Dover (ex Jellyfish, Imperial Drag, Sextus, Alice Cooper) y es una verdadera gozada. Los temas que trata son fundamentalmente los pequeños placeres de la vida rural y dibujos de caracteres y personajes con un cierto aire costumbrista. Mi tema favorito del disco (por escoger uno) es ese cínico y bellísimo villancico titulado “Christmas in Suburbia”.

Luego ha seguido publicando más discos en solitario, tocando en directo (llegó a tocar en Bilbao hace poco … ¡¡¡En un concierto organizado por el ilustre Colegio de Abogacía del País Vasco!!!) y escribiendo poemas y relatos. Desde aquí, con mi pinta de Guiness alzada, rindo homenaje a este anarquista del pop con alma Dickensiana. Cheers lad!

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Grupos de culto, hoy: Jellyfish (I)

jellyfishEl término “de culto”, suele referirse a una banda apreciada por un reducido número de Connoisseurs a la que el éxito comercial elude injustamente en su día pese a su calidad. Pocas formaciones de finales del pasado siglo (qué raro suena decir esto ¿verdad?) merecen tanto este calificativo como la que protagoniza la actualización de hoy, nada menos que los maravillosos Jellyfish.

 
La banda fue toda una una rareza en su época y, precisamente, esa dificultad para encasillarlos en un género determinado se convirtió en la losa que forzó su triste separación. A principios de los noventa en el mundo de la música estaba a punto de producirse el gran cisma provocado por el grunge. Pronto las discográficas iban a negarse a apoyar a cualquier grupo que no comulgase con el “sonido Seattle”. Por otro lado, también en esos años, las grandes estrellas del hard rock-metal como Guns and Roses, Motley Crüe, Tesla o Skid Row seguían triunfando en las listas ignorando que estaban a punto de ser borradas del mapa por el maremoto provocado por Cobain, Vedder y compañía.

 
Mientras tanto Jellyfish se encontraban en una suerte de tierra de nadie. Demasiado poppies para los roqueros, demasiado “felices” para los grunges. Sencillamente, no encajaban. Mientras que en los 70 el mundo del rock supuraba eclecticismo y daba cabida a propuestas tan distintas como las de Thin Lizzy, Led Zeppelin, Supertramp, Roxy Music o Steely Dan, en los 90 las posturas se radicalizaron mucho. O llevabas camisas de franela o te cardabas el pelo… punto.

 
Una banda de San Francisco, con ropas exageradamente coloristas dignas de un episodio de Scooby Doo y que sonaba a Fleetwood Mac, la ELO, Supertramp, Queen, Badfinger, Cheap Trick o Wings poco pintaba en medio de esa guerra fratricida. Sin embargo su terca admiración por el pop más puro, las melodías vocales, los sitares y las baglamas posibilitó el nacimiento de dos de los más grandes e infravalorados discos de los 90: “Bellybutton” y “Spilt Milk”.

 
Las principales cabezas pensantes de Jellyfish, el bateria y vocalista Andy Sturmer y el pequeño genio de los teclados Roger Joseph Manning jr, se habían conocido en la banda Beatnik Beatch. A través de un anuncio en un periódico se fijaron en un joven guitarrista que citaba entre sus influencias a XTC, el gran Jason Falkner, que junto al hermano de Roger, Chris Manning, al bajo formaron la primera encarnación de la banda que se metió en el estudio a grabar Bellybutton en 1990.

bellybuttonEste álbum es uno de los más especiales, curiosos y bonitos de la década. Todas las influencias de la banda se fusionaron perfectamente sin sepultar la personalidad del grupo. Tras los controles se sentó el duo formado por Jack Joseph Puig (Weezer, Stone Temple Pilots, Black Crowes…) y el veterano Albhy Galuthen (Olivia Newton John, Barbra Streissand, Bee Gees, Diana Ross…). Con esta curiosa combinación de talentos de la producción, consiguieron un disco con un sonido moderno gracias a Puig pero a la vez retro y elegante por cortesía de Galuthen.

 
Los cortes del disco se mueven por terrenos pop deudores de The Left Banke (The King is half undressed, Now she knows she´s wrong) arranques blues-jazzy (the Man I used to be), sonido “Wings” (That is why), Beatleiano (She still loves him) y con herencia de Cheap Trick (All I want is everything), Queen (Calling Sarah) o incluso bossa nova (Bedspring kiss). El tema estrella del disco es, aparte de The King is half undressed (cuyo vídeo fue nominado a los premios MTV), Baby´s coming back, un tema pop perfecto que trata de eso que es tan complicado de conseguir en una relación cuando ésta se tuerce: una segunda oportunidad. El tema fue versioneado por una boy band inglesa llamada Mcfly años después… digamos sólo que me quedo con la de Jellyfish.