Archive for the ‘Cultura’ Category

Bandas de Culto: Jellyfish (y 2)

spiltDecía Chris Robinson, cantante de los Black Crowes, que probablemente la principal razón de la ruptura de Jellyfish es que jamás fueron capaces de amortizar las carísimas producciones de sus discos. Puede que esta sea una visión demasiado simplista, pero no cabe duda de que el grupo tiró la casa por la ventana con la continuación de su debut “Bellybutton”, “Spilt milk” grabado en el 93. Este álbum supone todo un paso adelante para la banda. No es que “Bellybutton” fuera un trabajo poco logrado (¡todo lo contrario!), sin embargo aquí la banda pudo explayarse en el estudio muchísimo más para dar rienda suelta a todo su genio.

Estamos ante lo que los angloparlantes llaman un disco multilayered en el que encontramos guitarras y teclados que se doblan, multitud de coros angelicales superpuestos, arreglos bellísimos de cuerda por doquier, acordeones, vientos… vamos, una banda pop de San Francisco perdida en toda una aventura wagneriana. Probablemente, haciendo caso a Chris Robinson, en la ambiciosísima producción de “Spilt milk” se encuentra el gérmen de la separación de los Jellyfish pero, por otra parte, gracias a ella precisamente podemos disfrutar desde entonces del que, para el que esto escribe, es uno de los mejores discos de los 90. Y, si me apuráis, no es un disco que sólo pueda mirar de igual a igual a “Ten”, “In Utero”, “Superunknown”, “Grace”, “Use your Illusion” o cualquiera de las grandes gemas de la pasada década que se os ocurran. “Spilt Milk” es una maravilla, una magnum opus atemporal parida por dos auténticos genios en su mejor momento creativo, que puede medirse sin rubor de acuerdo al listón establecido por los grandes discos pop de la historia… así de claro. “Rumours”, “Pet Sounds”, “Astral Weeks”, “Odissey”… podéis discutirme que cualquiera de estas obras vendió más, tuvo más repercusión o influencia que “Spilt milk” pero, pese a que amo todos esos discos que he nombrado, no puedo decir que el trabajo de Manning, Sturmer y cia sea inferior por muy imparcial y objetivo que trate de ser.

Pero retrocedamos un poco. Tras grabar “Bellybutton”, el guitarrista Jason Falkner levantó el vuelo harto de ser poco más que una comparsa de la dupla compositora formada por Manning jr y Sturmer. A Brian Jones le pasó con Jagger y Richards, a Harrison con Lennon y McCartney y en Jellyfish la historia volvía a convertirse en un ouroboros cíclico. El bajista Chris Manning también abandonó el grupo, harto de la vida en la carretera. Con esto se plantaron Andy Sturmer y Roger Joseph Manning jr en el estudio, acompañados de nuevo por Jack Joseph Puig y Albhy Galuthen, junto al nuevo bajista Tim Smith y varios músicos de estudio, entre los que destacaba Jon Brion (The Grays). Como decía anteriormente “Spilt Milk” es un disco variadísimo, complejo y de recorrido algo más largo que “Bellybutton”.

Sus temas se saltan las fronteras estilísticas a la torera y tenemos desde delicadísimas canciones de cuna con melodías y armonías vocales a lo Beach Boys, trallazos rockeros escuela Kiss-Queen, ecos glammy, baladas psicodélicas, vaudevil, melodías lounge-bossanova ¡¡E incluso temas con ecos a música yiddish!!! Al igual que en el apartado musical, las letras de las canciones llevan el eclecticismo temático al paroxismo. Jellyfish hablan de matrimonios fracasados (Bye, bye, bye), picnics infantiles (Sabrina, paste and plato), embarazos no deseados (New Mistake… ¿La mejor canción de los 90?), historias de poetas fracasados con tintes cuasi religiosos (The ghost at number one) e incluso una descacharrante oda a la masturbación (He´s my best friend).

Para el tour de presentación la banda reclutó a Eric Dover (Alice Cooper, Slash´s Snakepit), pero las inevitables diferencias artísticas entre Roger Joseph Manning jr y Andy Sturmer, además del escaso éxito comercial de “Spilt Milk” llevaron a la banda a un final que muchos, entre los que me incluyo, todavía estamos llorando (¡¡¡¡QUEREMOS UNA REUNIÓN YAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!).

land of pureSin embargo la saga Jellyfish no se quedó ahí, gracias a los Dioses. Roger Joseph Manning jr se unió a Eric Dover y con él formó Imperial Drag en el 96. Su disco homónimo, sin llegar ni de lejos al nivel de las dos obras de Jellyfish, es un enorme álbum de aire glam pero con un sonido muy 90´s y temazos como Are you a boy or a girl? (su vídeo es un claro homenaje a Russ Meyer), Zodiac Sign o Playboy after dark. Además durante los últimos años el pequeño mago de los teclados no ha dejado de trabajar como músico de estudio para diversos artistas (Air, Beck, Johnny Cash) e incluso compuso junto a Brian Reitzell la banda sonora de “Lost in traslation”. Además ha publicado varios discos, entre los que se encuentan dos de las mayores joyas de la música de este nuevo siglo (“Land of pure imagination” y “Catnyp Dynamite“) que no tienen NADA que envidiar a los discos de Jellyfish, y de las que me ocuparé en su momento.

Jason Falkner, que ya se había marchado tras la gira de “Bellybutton”, inició una sólida carrera, primero formando parte de The Grays y luego grabando en solitario discos como “Can you still feel?”, del que se extrae el temazo “Author unknown“. Por su parte Andy Sturmer se apartó del primer plano de la música para emprender una carrera como compositor, arreglista y productor de otros artistas (Black Crowes, Ozzy Osbourne, Puffy Ami Yumi…) y, lo que es más chocante, creador de bandas sonoras para dibujos animados como Transformers o Ben 10. Sirva esta actualización como humilde homenaje a una banda muy especial a la que, pese a que hace más de quince años de su desaparición, muchos seguimos teniendo en nuestro corazón.

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La portada más fea de la historia

blackBlack Sabbath son un grupo fantástico, pero a lo largo de su historia han tomado muchas decisiones dudosas. Curiosamente muchas de ellas tuvieron lugar durante la misma etapa, la época en que entraron a grabar “Born Again” (1983). Ronnie James Dio, que había entrado en la banda cuatro años antes sustituyendo a Ozzy Osbourne, se había marchado a iniciar su carrera en solitario. Tras una interminable noche de pintas en un pub londinense compartida con el legendario aullador Ian Gillan, Tony Ioomy y Geezer Butler (guitarrista y bajista de la banda) decidieron que lo mejor sería hacer un proyecto con el excantante de Deep Purple (primer error). Ian Gillan es (más bien era) un extraordinario vocalista, pero en esa época su médico le descubrió pólipos en sus cuerdas vocales, recomendándole descanso absoluto. El cantante, que se pasaba el día de aquella amorrado a la botella para más inri, desoyó los consejos del especialista y decidió grabar el álbum y hacer la gira de presentación. Muchos piensan que la causa de que Ian Gillan no sea, a nivel vocal, ni la sombra de lo que fue se debe al castigo al que se sometió durante la etapa en que se unió a Sabbath.

En principio el grupo quería sacar su disco con otro nombre pero (segundo error), la discográfica se empeñó en aprovechar el tirón comercial que todavía conservaba la “marca” Black Sabbath. Pero quizá el error más gordo, y a la vez el más cachondo, tiene que ver con la horrorosa portada del disco que podéis ver ilustrando el post. ¿Cómo fue posible que una portada tan asquerosamente fea, kitsch y hortera viera la luz? La historia tiene su miga:

Don Arden, mánager de Black Sabbath, había roto relaciones con su hija Sharon Osbourne cuando ésta se casó con el excantante de la banda, Ozzy Osbourne, y le “arrebató” a Arden la posibilidad de ser su mánager. Cuando Sabbath se pusieron a grabar “Born Again” a Arden se le puso entre ceja y ceja joder a su hija, con lo que empezó a contratar para las sesiones a todos los ingenieros de sonido, técnicos, y fotógrafos que trabajaban habitualmente con Ozzy. Obviamente Steve Joule, diseñador gráfico, fotógrafo, director de arte y portadista de los álbumes del cantante fue otro de los “arrebatados”. El pobre Joule se encontraba entre la espada y la pared; por un lado no quería renunciar al lucrativo contrato que le unía a Ozzy Osbourne pero, por otro, tampoco quería contrariar al irascible Arden, uno de los hombres con más poder e influencia en el negocio por aquel entonces.

¿Qué se le ocurrió entonces al bueno de Joule? Pues decidió diseñar la carpeta más horrible y grotesca que fuera capaz. Con ello mataba dos pájaros de un tiro. Por un lado se aseguraba que los Sabbath no elegirían jamás una carátula tan horrorosa, con lo que su contrato con Ozzy Osbourne no corría peligro y, por otro, mandando un diseño alejaba el peligro de que Arden le vetara en el negocio por el resto de sus días. Sin embargo lo impensable sucedió y a Don Arden y los Sabbath… les encantó la portada. Y así vio la luz una de las carátulas más feas de la historia. La gira de presentación fue un auténtico desastre, con un escenario réplica de Stonehenge que no cabía en la mayoría de los recintos en que tocaban, un enano pintado de rojo como el bebé de la portada que casi se mata durante un concierto al caer desde lo alto de uno de los enormes menhires y multitud de incidentes surrealistas. “Born Again” tuvo cierto éxito pero los críticos, y gran parte de los fans, lo despedazaron sobre todo por su crudísima producción. Hoy en día se ha convertido en una especie de “clásico de culto” en la discografía de Sabbath y ha sido reivindicado en los últimos años como un disco bastante bueno. Donde creo que sigue sin haber variado la opinión de nadie es en la portada. Si amigos, 26 años después sigue siendo tan asquerosa como entonces.

¡Arriba las manos!

vinyl_rules_1Como ya he comentado en más de una ocasión, soy un ferviente defensor de la adquisición “legal” de música. No sólo porque permite premiar pecuniariamente al artista por su esfuerzo sino que, además, posibilita que la persona que adquiere ese disco lo disfrute más intensa y pausadamente. Sin embargo hay un aspecto de la industria musical que me hace, en cierta medida, comprender a los que con un clic se bajan la discografía de un grupo en media hora.

Hoy mismo conversaba con dos amigos que tocan en un gran grupo asturiano de hard rock que se encuentra inmerso en la grabación de su nuevo álbum. El caso es que les pregunté cuánto les costaba cada disco, una vez listo para ser emplazado en los estantes de las tiendas; es decir, con todo el diseño de carátulas, libreto, empaquetado y precintado listo. El caso es que me comentaron que la cosa se quedaba en 1,80 euros para una tirada de aproximadamente medio millar de unidades (obviamente el coste del estudio de grabación va aparte). Teniendo en cuenta que un distribuidor medio (llamémosle la Efnaf) se lleva unos 4 euros de cada unidad sólo por permitir ponerla a disposición del consumidor en sus vitrinas, mis colegas tenían pensado sacar su LP a la venta por unos 10 euros. Haciendo números podréis ver que el margen que les queda es misérrimo, más si cabe si tenemos en cuenta que, por desgracia, mis colegas no son los Eagles del 77 y no venden millones de copias.

Con esto os quiero decir que cuando el Alejandro Sanz, Miguel Ríos, o Sabina de turno saca un nuevo trabajo y os lo cobra a 21, 22 o incluso 25 euros ¡¡¡OS ESTÁ ROBANDO A MANO ARMADA!!! Esos grandes popes que se llenan la boca diciendo que la piratería arruina su carrera y bla, bla, bla os engañan vilmente. Tened en cuenta que, por puras economías de escala, a mayor tirada, más barato les resulta poner su disco en las tiendas. Quiero decir que si a mis amigos les cuesta 1,80 euros “empaquetar” cada unidad para una tanda de 500 álbumes, a Sabina le cuesta (pongamos) 0,60 euros hacer lo propio con una de 200.000. Vale que entre Sabina y el gran público que compra sus discos hay un océano de intermediarios (management, publicidad, distribución, venta…) y para mis amigos el proceso es algo más, digamos, artesanal pero… haced el cálculo ¡¡¡Hay más de 20 euros de ganancia por unidad!!!

Este post se lo quiero dedicar a los Punishers, Alto Volto, Amon Ra, Electric Buffalo, Los González, Posession, Black Horde, Kie 13 y tantos amigos míos músicos que SÍ publican discos casi por amor al arte, sin buscar sacaros los cuartos y sin contar con el amparo de organizaciones sectoriales PRIVADAS a las que el Gobierno da la potestad de legislar y cobrar impuestos y cánones lo que, en teoría, debería ser tarea exclusiva de la Administración PÚBLICA.

Y aprovecho para decir que ¡¡¡El vinilo mola!!!

Dragó Rapide

orejasdeburroEn realidad, le comprendo. Pertenece Sánchez-Dragó a esa casta de intelectuales de pluma afilada y lengua suelta que no han sabido compaginar el rencor ilustrado a la sociedad moderna con el intelectualismo progresista del que ahora reniegan, como el agua del aceite.

Considero el discurso subversivo, inteligente y un poquito cabrón como un componente esencial de nuestra dieta medierránea. A la materia gris nunca le han sentado bien las opiniones absolutas, y no será quien esto escribe el que rebata tan noble ley del negro sobre blanco.

Sin embargo, es derecho y deber de ignorantes, aficionados y entendidos señalar la zafiedad en el discurso allá donde se encuentre. No se preocupen, que tal enfermedad cuenta en su haber con un noble abanico de ilustres.

Pero me estoy dispersando. El día 20 de este mes, Dragó escribió un artículo de opinión sobre el aniversario de la llegada del hombre a la Luna, afirmando el inocente que no da crédito a la hazaña. He aquí dos párrafos que perpetró:

Pirrón era un filósofo del Peloponeso que convirtió la duda en columna vertebral de su filosofía. Diderot también lo hizo. Dicen que su última frase, pronunciada un instante antes de hincar el pico y la cuchara en un plato de sopa, fue: «La duda es el primer paso hacia el conocimiento».

Tomen nota los chicos de la LOGSE. A ellos no les han explicado quiénes fueron Pirrón y Diderot, pero seguro que les han contado lo de la Luna y, los pobres, se lo han creído. Yo soy de otro plan de estudios.

Anonadado me hallo. Patidifuso, yo diría. Ninguno de estos dos vocablos me los dio la LOGSE, Fernandín. Estos los aprendí en EGB, esa cuna de civilizaciones donde importaba más poner bien un acento que practicar la generosidad con el prójimo.

¡Juventud alocada! Se tragan que un hombre fue a la Luna. No me imagino yo a los argonautas de lo insondable precipitarse al espacio con la tecnología de un seiscientos. Lo próximo será que la Penicilina fue descubierta por un tal Fleming. Loado sea el Síndrome de la España Mágica, dudemos de todo aquello que sobrepase el siglo XX.

Fernandín: no es de buen gusto justificar la propia ignorancia con la de otros. Muchos pringadillos que ingestaron el alunizaje ficticio, que tanta gracia te hace, son ahora los que van al espacio, los que diseñan mejores coches, los que potencian la seguridad de nuestras casas o los que perfeccionan el teclado que soporta tus integrismos de intelectual chachi piruli.

No me quiero despedir sin emplazarte a una reflexión sobre tu actitud literaria. Modera tu prosa, Fernando, que te auguro una escritura tan ruda y necia como la broma que sirve de título para esta entrada.

Foto conseguida en ¡Vaya tele!

A San Fermín pedimos

MitraCon motivo de la trágica muerte de un joven durante el encierro del pasado viernes, se reavivaron varias discusiones acerca de la tauromaquia en general, y las fiestas de San Fermín, en particular.

La fiesta

Estoy en contra de las corridas de toros. Considero que la tradición no justifica el baño de sangre público de un animal. Al mismo tiempo, me declaro carnívoro irredento e impenitente. Como lo que otros matan, pero no comprendo la muerte por mera diversión.

Soy consciente de lo que significan las fiestas de San Fermín para Pamplona. Mi mente sólo puede hacerse una vaga idea de la pérdida de beneficios que supondría la anulación de una fiesta de tal magnitud. Para el turismo local sería un duro golpe.

Puedo comprender las razones culturales y antropológicas que impulsan a un divino a correr delante del toro o junto a él. Como provincia romana que fuimos, no se nos pasó desapercibido el culto de Mitra y la influencia que la simbología del toro ha ejercido en varios paises bañados por el Mediterráneo.

Sin embargo, nada de eso está reñido con establecer ciertos controles a fin de evitar tragedias (humanas) en la fiesta. El joven que perdió la vida era corredor experimentado, pero al ojo avizor no se le escaparán los múltiples gamberretes que pueblan los encierros. Y creanme, son fáciles de identificar: observen a esos imprudentes que andan pegando palmadas al animal en plena carrera desbocada.

Contenido gráfico

Mi segunda reflexión es de índole periodística. Sonia Blanco, profesora en la universidad de Málaga, gran conocedora de los medios de comunicación y podcaster a la que tengo en gran estima, enmendó la plana a las ediciones digitales de los diarios por incluir la foto del joven fallecido, tendido en el suelo y con la cara empapada en sangre.

La imagen sirve para informar y remover conciencias. Sin embargo, todo tiene un límite y debemos ser conscientes de que el fallecido tiene una familia y amigos, que habrán sufrido el duro trago de contemplar la fotografía del fallecido en todos los medios.

Como última reflexión, ¿por qué tenemos tan claro esto, y sin embargo nos escandalizamos cuando en EEUU se censuran las imágenes de féretros transportados desde Irak? No crean que es una pregunta con trampa. Al menos, yo no tengo la respuesta.

Brute Force and Ignorance

GallagherEn otro foro público he hecho referencia a la que, con mis años de experiencia y formación en el mundo de la canallesca, considero que es la “entrevista” más malintencionada, patética y desinformada de la historia a cargo de un tal Joaquín del Río en la difunta “Hoja del Lunes” de Gijón; esta… cosa, fue perpetrada por el susodicho con motivo del legendario concierto que dio Rory Gallagher en la Plaza de Toros de la ciudad para 3.000 afortunados asistentes un ya lejano mes de julio de 1986. Aquí os dejo el enlace donde la podéis encontrar; concretamente en la sección Rory Gallagher>>Prensa>>Entrevistas (tomad cinco minutos para leerla para contextualizar mi perorata de hoy)

http://www.kiniruralart.com/rorygallagher/entrevistas.htm#1

Amo mi profesión. Me encanta poder coger las palabras, moldearlas como si fueran barro y contarle a la gente de la manera más honesta, sincera y aséptica de que soy capaz lo que pasó ayer en la calle. Cuando mis amigos ven por la tele cosas como “La Noria”, leen “El Marca” y asisten a otros ejemplos de infraperiodismo me suelen decir cosas en plan “¡¡¡Ya estáis los periodistas contando mentires!!!”… esto me indigna sobremanera más que nada por el hecho de que yo sé que no he contado una puta mentira en mi vida (currando, en la vida real no digo una verdad ni a tiros). Puedo haberme equivocado, interpretado mal algún dato, sacado mal un corte… reconozco que he metido muchas patadas en mi vida profesional. Pero nunca con mala intención ni con el deseo de hacerle daño a nadie.

La entrevista que os he puesto es un ejemplo de todo lo que no debe ser un plumilla; me explico. Un periodista es intermediario entre un protagonista y el público. Es el hilo transmisor que pone en contacto ambas realidades… ¡Y PUNTO! El eterno debate de la objetividad de la prensa ya me aburre. Todos los periódicos están mediatizados de la misma manera que lo estamos todos los individuos. Quiero decir que un redactor, a la hora de ponerse a escribir, ha de superar una serie de filtros cognoscitivos. Está la subjetividad que, en mayor o menor medida, te impone el sesgo ideológico del medio para el que trabajas; pero es que además están las filias, fobias, manías y atavismos varios que, como seres humanos con sangre en las venas que somos, llevamos con nosotros los periodistas.

La grandeza de un profesional radica en saber vencer esos condicionantes y ser capaz de mostrar un reflejo de la realidad lo más fiel que le sea posible. La horrorosa entrevista de Joaquín del Río a Rory Gallagher nos muestra a un muy mal profesional, cometiendo un pecado en el que no debe incurrir jamás un miembro de nuestro gremio: convertirse él mismo en parte de una información. A lo largo de la entrevista, este tipo nos cuenta lo que él piensa de Rory y se arroba un protagonismo que un plumilla NUNCA debe tener. A mí, lector, me importa lo que piensa y lo que tiene que decir Rory Gallagher, no un pobre periodista con delirios de grandeza (y, por lo que parece, muchos prejuicios mal digeridos).

El profesional nunca debe hacer metaperiodismo y caer en la autoreferencia porque, aparte de una muestra patética de egolatría, genera lo que se denomina ruido informativo, es decir, un montón de datos que son irrelevantes. Eso es situarse a la misma altura que el entrevistado cosa que, en este caso especialmente, es pecar de lo que los griegos llamaban hybris o, en cristiano, soberbia (pecado que, por cierto, en los mitos clásicos se castigaba duramente –vease lo que les pasó a Prometeo, Sísifo, Dédalo y su hijo Ícaro…–). El periódico muestra su línea ideológica y, de manera anónima, dice lo que piensa en las páginas de opinión. Los propios sujetos que trabajan en una redacción pueden hacerlo también con nombres y apellidos en ese contexto ¡PERO YA ESTÁ!

Diréis que tengo este rebote porque soy fan de Rory Gallagher. Sí y no. Veréis, Rory Gallagher es uno de esos artistas sin cuya música, sencillamente, no podría vivir. Le admiro y agradezco todos los días por el regalo que suponen sus discos. Ahora, como ser racional (y razonable) que soy, comprendo que no a todo el mundo pueda gustarle la música, la literatura o el cine que a mí me la pone eniesta. Ahora, utilizar el privilegio que tenemos los periodistas de acceder más fácilmente a determinados personajes simplemente para tratar de desacreditarlos y dañarles es prostituir nuestra esencia. ¿Cuántas veces habré tenido yo que entrevistar a gente que positivamente sabía que eran basura como seres humanos? Pero eso ¿acaso me da derecho para ponerles a caldo? No. En esas ocasiones lo que he hecho ha sido contar hasta diez, olvidar lo mucho que despreciaba a esas personas, guardar mis prejuicios en un cajón y reproducir fielmente lo que me habían contado.

Esta frase, extraída de la entrevista, es tan surrealista que parece digna de Groucho Marx y define perfectamente la poca estatura profesional y personal de Joaquín del Río, a la vez que contribuye a elevar la ya legendaria calidad humana de Rory: “Desgraciadamente Rory Gallagher es un hombre suficientemente amable en el trato como para que cueste mucho trabajo hacerle una descalificación global” osea, como es majo me cuesta tirarle mierda encima, que es la idea con la que venía a hacer esta entrevista.

Sólo me queda decir que, 14 años después de la muerte (terrenal) de Rory, aún quedan pringaos en un pueblo perdido de España que, como yo, recuerdan la figura de ese irlandés inmortal con cariño y que cada vez que ponen temas suyos como “A million miles away” se estremecen. Mientras, los tipos como Joaquín del Río siguen alimentando su propio malcontento debajo de alguna piedra haciendo lo único que saben… malgastar tinta escribiendo sobre los que verdaderamente crean para descargar sobre ellos todos sus prejuicios. ¿Creéis que alguien se acordará de su figura un minuto después de que palme? Yo desde luego no. Que te den por el culo a tí y a tus amados Sigue, Sigue Sputnik Joaquín del Río. Por Rory.

Banda sonora para el volante

“Vaya bien que cantas” me dijo un concejal el otro día. “¿De qué hablará?” Pensé yo, que más que cantar, berro como una cabra. Resulta que yo había estado conduciendo un largo rato detrás del coche de dicho concejal y como siempre que voy sola… iba cantando. Y él, viendo lo bien que me lo pasaba decidió elogiarme.

Me explico. Quienes me conocen (bien) saben que hay dos cosas que hago y que son parte de mi encanto. Una de ellas es andar por la casa mientras lavo los dientes. Sí, soy así de rara. La otra es cantar a pleno pulmón cuando voy conduciendo.

Esta es una manía un poco más común, pero la verdad es que me gusta hacerlo. Casi nunca pongo CDs en la radio de mi adorado C3 porque me aburro. Me gusta cambiar de sintonía y encontrarme con canciones de las que ya no me acordaba (aunque es más frecuente que me tope con alguna que pasó hace menos de 5 minutos) o con alguna que me gusta mucho. Tengo mucha facilidad para memorizar las letras de las canciones que me gustan así que no daré ni una nota pero no me pongo a cantar si no me sé la canción de pe a pa… ¡qué demonios! Y cuando no la sé me la invento. ¡¡Con un par!!

Cantar cuando voy en coche me ayuda a no hacerles caso a todos los delincuentes viales que más que conducir, estorban.  La música me permite pensar que es más importante centrarme en la letra de la canción que en que hay un tío que lleva cinco kilómetros en el carril de la izquierda. Las letras me ayudan a recordar que la carretera no tiene por qué ser un sitio en el que todos liberamos nuestras frustraciones, la conocida Road Rage.

Me mola ver cómo, dependiendo de la canción que esté pasando en la radio uno puede ir más rápido o más despacio. El metal es sin lugar a dudas la mejor música si tienes prisa. Las músicas ochenteras en plan Holding out for a hero o algunas de Abba te hacen pasar un buen rato. Pero sin lugar a duda, el rock es el mejor para conducir: Meatloaf, Metallica, Aerosmith, The Eagles … Te relajan, pero no te distraen. Te recuerdan cosas que te han pasado pero no te dejan apartar los ojos de la carretera. Y luego está ese gran clásico de las road songs: Life is a Highway, de Tom Cochrane. No será una gran música, ¿pero a que nos hace pensar en conducir sin destino?

Pero es inevitable, no puedo dejar de pensar que si más gente escuchase música en el coche en vez de a Jimenez Losantos, habría menos accidentes de tráfico.