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Las manos al cielo

Leí a Samano en El País decir que el Barça jugaba con una orquesta bien afinada. No entiendo mucho de música, pero sí algo de fútbol. Y sí, es probable que el juego del Barcelona este año se parezca a una sinfonía de violoncelos, flautas, clarinetes y timbales, bien tocados.

Pero esta comparación me resulta muy racional, muy “de la mente”. Yo el fútbol, desde pequeña, como me enseñaron en mi casa, lo vivo más con el alma. Y es que no puedo explicar, de forma racional, mi manera de comportarme el día 6 de mayo. Lloré de desesperación, en público, sin importarme el que dirán. Grité, me cabreé, insulté mirando un televisor. Luego lloré de alegría, corrí, salté, me abracé, besé, abandonando cualquier rastro de saber estar, olvidando la vergüenza y mi bolso, con todas mis pertenencias, en una mesa en la otra punta del local.

Y todo esto por un gol. Un simple gol. Un balón que sale del pie de un jugador cualquiera (!). Que se cuela por la escuadra de la portería contraria, con estirada del portero incluida. Que se estrella contra la red, en el mismo momento en el que yo pierdo la poca cordura que me quedaba. Comienzo a gritar, a llorar de nuevo, pero de alegría, estiro los brazos, como tocando el cielo. Sintiéndome en el cielo.

Lo que cuento no es sorprendente, no es paranormal. Lo que yo cuento, lo han vivido muchos este año. Miles de personas se sentirán identificados con mi manera de actuar. Pero si lo cuento es porque no sé responder de otra manera a una pregunta que me han hecho ya un par de veces: “¿Porqué te gusta tanto el fútbol?”.

Y en mi caso, como en el de otros, es cuando más claro queda que vivo el fútbol sólo con el corazón. Disfruto con un buen partido cuando lo hace mi equipo, se me pone la piel de gallina con una victoria de los míos. No entiendo de fútbol si llamamos a eso conocer a todos los equipos de la Premier o saber cuál es el mejor lateral izquierdo de Europa. No siempre sé si está bien aplicada la ley de la ventaja. Pero lo vivo.

Hago esta reflexión hoy, el día después del final de una temporada que no hubiera soñado. El Barça lo ganó todo. Con solvencia, dicen. Jugando de maravilla, digo yo. Y el Oviedo subió a Segunda B. Le queda mucho al Oviedo todavía. Pero qué alegría ayer cuando Aulestia paró ese penalti. Otra vez a saltar y a abrazar.

Y espero que la temporada que viene sea parecida.